Mujercitas
Mujercitas —Por supuesto, si te molestan, me las llevaré. —Dicho esto, puso atropelladamente los adornos en su delantal y se marchó sintiendo que tanto ella como sus obras habÃan sufrido una afrenta imperdonable.
—Ahora está enfadada. ¡Oh, mamá, ojalá no te hubiese pedido que hablases con ella! —exclamó May mientras miraba desconsolada los espacios vacÃos que habÃan quedado en la mesa.
—Las riñas de niñas no duran demasiado —apuntó su madre, que se sentÃa algo avergonzada por haber intervenido en aquella rencilla.