Mujercitas
Mujercitas —¿Acaso Hayes no os ha dado las mejores flores de nuestro jardÃn? Le pedà que lo hiciera.
—No lo sabÃa. Supongo que se le olvidó. Como tu abuelo no se encuentra bien, no he querido molestarle pidiéndole permiso, aunque nos vendrÃan bien las flores.
—Venga, Jo, ¿de verdad crees que necesitas pedir permiso? Las flores son tan tuyas como mÃas. ¿Acaso no vamos a medÃas en todo? —apuntó Laurie con ese tono que siempre hacÃa que Jo enseñara las uñas.
—¡Santo Dios! ¡Espero que no! ¡Algunas de tus cosas no me servirÃan para nada partidas por la mitad! Pero no perdamos más el tiempo, tenemos que ayudar a Amy. Ve a arreglarte, quiero que estés espectacular. Y si me haces el favor de pedirle a Hayes unas cuantas flores bonitas para la feria, te estaré eternamente agradecida.
—¿No podrÃas agradecérmelo ahora mismo? —preguntó Laurie con voz sugerente, a lo que Jo respondió cerrándole la puerta en las narices de forma poco hospitalaria y bastante brusca mientras gritaba entre los barrotes de la verja:
—¡Vete de aquÃ, Teddy, estoy muy ocupada!