Mujercitas
Mujercitas Gracias a los conspiradores, aquella tarde, en efecto, cambiaron las tornas. Hayes cortó unas flores impresionantes y las dispuso en un cesto formando un llamativo centro. La familia March acudió en masa a la feria y Jo cumplió con creces su objetivo, porque la gente no solo acudía al puesto, sino que permanecía frente a él, reía sus bromas, admiraba el buen gusto de Amy y parecía pasar un rato estupendo. Laurie y sus amigos se sumaron galantemente a la lucha, compraron los ramilletes, se quedaron junto al puesto y convirtieron aquel rincón en el más animado de la feria. Amy se sentía a sus anchas y, movida por la gratitud, se mostraba más activa y elegante que nunca. Y así la joven comprendió que hacer una buena obra es en sí una recompensa.
