Mujercitas
Mujercitas —¿Dónde están las obras de Amy? Me gustarÃa comprar una para papá —comentó Jo, que se morÃa por conocer el destino que May habÃa dado al trabajo de su hermana.
—Todas las cosas de Amy se vendieron hace rato. Me ocupé personalmente de que las viesen las personas adecuadas y conseguimos una buena suma gracias a ellas —explicó May, que, al igual que Amy, habÃa aprendido a reprimir algunas tentaciones.
Muy satisfecha, Jo corrió a compartir las buenas noticias. Amy se mostró emocionada y sorprendida al conocer la actuación y las palabras de May.
—Ahora, caballeros, les ruego que vayan a cumplir con su deber en otros puestos y sean tan generosos como lo han sido conmigo, sobre todo en el de arte —ordenó a la «pandilla de Teddy», que era como las chicas llamaban a los amigos universitarios de Laurie.
—¡Cargad, muchachos, cargad! Id a cumplir con vuestro deber como caballeros y convertid vuestro dinero en arte —exclamó Jo, incapaz de contenerse, mientras el grupo se preparaba para asaltar el campo enemigo.
—Vuestros deseos son órdenes, pero la señorita March vale mucho más que May —apuntó el pequeño Parker tratando de mostrarse amable e ingenioso. Laurie le interrumpió con un: «¡No está nada mal para un muchacho!», y le dio una palmadita paternal en la cabeza.