Mujercitas
Mujercitas —¿Te gustarÃa ir? —preguntó Amy pensativa, aplastándose la nariz con el cuchillo.
—¡Mucho!
—Bien, dentro de un par de años te mandaré un pasaje; entonces excavaremos en el Foro en busca de restos arqueológicos y llevaremos a cabo los planes que tantas veces hemos comentado.
—Gracias; si ese bendito dÃa llega, te recordaré tu promesa —repuso Jo, aceptando la imprecisa pero magnÃfica oferta con la mayor de las gratitudes.
No disponÃan de mucho tiempo para preparar el viaje y todo el mundo trabajó sin parar hasta el dÃa de la partida. Jo aguantó bien la presión hasta que el último resto de lazo azul hubo desaparecido de la vista; entonces fue a refugiarse al desván y lloró hasta que no pudo más. Amy, por su parte, aguantó bien hasta que el barco estuvo a punto de zarpar. En ese momento, al comprender que pronto un enorme océano la separarÃa de sus seres más queridos, abrazó a Laurie con fuerza y le pidió entre sollozos:
—¡Por favor, cuida de todos por mÃ! Y si algo pasase…
—Lo haré, querida, lo haré. Y si algo pasase, irÃa junto a ti para darte mi apoyo —susurró Laurie, sin imaginar lo pronto que tendrÃa que cumplir su promesa.