Mujercitas
Mujercitas Así pues, Amy zarpó hacia el Viejo Mundo, que siempre resulta nuevo y atractivo para los ojos jóvenes, mientras su padre y amigo quedaban en el muelle, esperando que el destino deparase solo hermosas experiencias a aquella joven de buen corazón, que no dejó de agitar la mano hasta que en el horizonte solo quedó el reflejo del sol estival en las aguas del mar.
