Mujercitas
Mujercitas —Entonces, dejaré el asunto de Beth en tus manos. Si ha de abrir su tierno corazón, seguro que lo hará antes contigo. Sé muy amable y procura que no piense que la vigilamos o hablamos de ella a sus espaldas. Si recuperase la fuerza y la alegrÃa, yo verÃa cumplidos todos mis deseos.
—¡Qué suerte! ¡Yo tengo tantos deseos por cumplir!
—¿Cuáles son, querida?
—Me ocuparé de los problemas de Beth y luego compartiré los mÃos contigo. No son demasiado graves, de modo que pueden esperar. —Dicho esto, Jo se alejó con un gesto confiado que llenó de alivio a la señora March, por lo menos de momento.