Mujercitas
Mujercitas Luego suspiró y se quedó absorta en sus pensamientos un buen rato, hasta que la luz del crepúsculo le recordó que debía bajar a vigilar a su hermana. Lo hizo y confirmó sus sospechas. Laurie solía coquetear con Amy y bromear con Jo, pero el trato que dispensaba a Beth era especialmente atento y dulce, aunque, bien mirado, todo el mundo la trataba así, por lo que era difícil sospechar que el joven sintiese por ella algo más. De hecho, toda la familia era de la opinión de que Laurie se mostraba más interesado que nunca por Jo, quien, por supuesto, no quería ni oír hablar del asunto y lo negaba con virulencia si alguien osaba mencionarlo. Si hubiesen tenido noticia de los momentos tiernos que Laurie había protagonizado en el transcurso del último año o, mejor dicho, de los intentos frustrados de crear momentos tiernos, los cuales se habían visto interrumpidos en el acto, todos habrían advertido con inmensa satisfacción: «¿Lo ves? Ya lo decía yo». Pero a Jo le horrorizaba el flirteo, no se prestaba a ello, siempre intercalaba una broma o una sonrisa que alejase el peligro.