Mujercitas
Mujercitas —¡Menudo personaje! —exclamó la señora K. sin perder el humor mientras dejaba las reliquias en la bolsa de la ropa sucia—. Supongo que habrá roto los demás para hacer velas para los barcos, vendar cortes en los dedos de los niños o utilizarlos como cola de una cometa. Es horrible, pero no le puedo reñir. Es tan despistado y tan bueno que deja que los niños le pisoteen. Me ofrecà a lavarle la ropa y zurcirle lo que precisase, pero él se olvida de darme las prendas y yo me olvido de recordarle que lo haga. Y asà estamos…
—Yo lo arreglaré todo —dije—. No es ninguna molestia y él no tiene por qué enterarse. Lo haré encantada… Es muy amable conmigo; me trae la correspondencia y me deja libros.