Mujercitas
Mujercitas —¡Qué tonterÃa! Ya buscaremos el tiempo y lograremos que aprenda. Le daré una clase esta tarde con sumo placer, porque me siento en deuda con usted, señorita March. —Al decir esto, señaló el calcetÃn que yo estaba remendando—. Claro, mis queridas damas dicen; «Este viejo estúpido no se va a dar cuenta de lo que hacemos y no le sorprenderá que sus calcetines ya no estén agujereados… Pensará que a sus chaquetas les crecen botones nuevos cuando los viejos se caen y que los cordones se atan solos». ¡Pero resulta que tengo ojos y veo bien! También tengo corazón y soy capaz de sentir gratitud. Venga, haremos una clase de vez en cuando o… tendrá que dejar de ser el hada madrina de mis niños y mÃa.