Mujercitas
Mujercitas —Ninguno, por favor. No quiere darse a conocer y no tiene pseudónimo literario —respondió Jo, que se sonrojó a su pesar.
—Como prefiera. La historia se publicará la semana que viene. ¿Vendrá a buscar el dinero o quiere que se lo envÃe a algún lado? —preguntó el señor Dashwood, que sentÃa un deseo natural de conocer mejor a su nueva colaboradora.
—Vendré yo. Que tenga un buen dÃa, señor.
Cuando Jo se hubo marchado, el señor Dashwood puso los pies sobre la mesa e hizo este elegante comentario: «Es pobre y orgullosa, como todas, pero servirá».
Siguiendo las indicaciones del señor Dashwood e inspirándose en la señorita Northbury, Jo se adentró temerariamente en las superficiales aguas de la lectura folletinesca pero, gracias al salvavidas que le lanzó un amigo, no salió demasiado malparada de la zambullida.