Mujercitas
Mujercitas Jo valoraba mucho la bondad, pero la inteligencia suscitaba en ella un gran respeto, y algo que descubrió sobre el profesor hizo que su estima por él aumentase aún más. Como él nunca hablaba de sí mismo, todos desconocían que en su ciudad natal era un hombre muy honrado y apreciado por su preparación y su integridad, hasta que uno de sus conciudadanos estuvo de visita por la zona y, en una charla con la señorita Norton, divulgó el dato. Jo se enteró por ella, y le agradó mucho más en la medida en que el señor Bhaer lo había mantenido en secreto. Aunque en Estados Unidos solo era un pobre maestro de lengua, en Berlín era un famoso profesor. Para Jo aquel descubrimiento, sumado al hecho de que llevase una vida hogareña y trabajase tanto, confería un aire mucho más romántico a su historia.
Pero aún le faltaba descubrir otro don más portentoso que el intelecto, y todo ocurrió de forma inesperada. La señorita Norton se codeaba con los círculos literarios, algo con lo que Jo no podía sino soñar. La solterona, en su deseo de apoyar a la ambiciosa muchacha, accedió a que tanto ella como el profesor la acompañasen en algunas de sus salidas. En una ocasión, los invitó a acudir a una velada que se celebraba en honor de varias personalidades.
