Mujercitas
Mujercitas Laurie era un joven enamorado. Su amor era sincero y querÃa explicarse, aunque muriese en el intento. Abordó el asunto con la impetuosidad que le caracterizaba, pero con una voz que, de vez en cuando, temblaba, por mucho que se esforzase por comportarse como un hombre y mantener a raya la emoción.
—Te quiero desde que te conozco, Jo. No lo puedo evitar, siempre has sido muy buena conmigo. He intentado mostrarte mis sentimientos, pero no me has dejado. Ahora quiero explicártelo todo y necesito que me des una respuesta, porque no puedo seguir asà por más tiempo.
—QuerÃa evitarte esto, pensé que comprenderÃas… —comenzó Jo, consciente de que iba a resultar más duro de lo que esperaba.
—Sé que es asÃ, pero las muchachas sois tan extrañas que uno nunca sabe a qué atenerse. DecÃs «no» queriendo decir «sû y volvéis locos a los hombres por pura diversión —afirmó Laurie, atrincherado en aquel hecho irrefutable.
—No es mi caso. Nunca he pretendido que te intereses por mà en este sentido, y me alejé para evitarlo en la medida de lo posible.