Mujercitas
Mujercitas —Eso no es lo que harÃa un caballero y creo que tú lo eres. Lo lamento, pero la chica no puede evitar sentir lo que siente y lo único que puedes hacer es alejarte por un tiempo. ¿Adónde te gustarÃa ir?
—¡Me da igual, me trae sin cuidado lo que sea de mÃ! —Laurie se levantó lanzando una carcajada de desánimo que sonó como un chirrido a su abuelo.
—¡Por el amor de Dios, compórtate como un hombre y no cometas ninguna imprudencia! ¿Por qué no retomas el plan de ir al extranjero que habÃas abandonado?
—No puedo.
—Pero si estabas como loco por marcharte y te prometà que te dejarÃa ir cuando terminases la universidad.
—¡SÃ, pero no tenÃa intención de viajar solo! —Laurie empezó a dar vueltas por la sala, inquieto, con una expresión en el rostro que por suerte su abuelo no podÃa ver.
—No tienes por qué ir solo. Conozco a alguien que te acompañarÃa encantado a cualquier lugar.
—¿De quién se trata? —Laurie se detuvo a escuchar la respuesta.
—De mÃ.
Laurie se acercó a él a toda velocidad, le tendió la mano y dijo con voz ronca:
—Soy un bruto egoÃsta pero, abuelo, has de entender…