Mujercitas
Mujercitas —¡Válgame el cielo! Claro que te entiendo, he vivido esto antes, primero en mis propias carnes, de joven, y luego con tu padre. Ahora, querido muchacho, siéntate y escucha lo que tengo que decirte. Ya está todo organizado y podemos partir de inmediato —explicó el señor Laurence agarrando con fuerza a su nieto como si temiese que se fuese a escapar, como habÃa hecho su padre antes que él.
—Está bien, ¿en qué consiste el plan? —Laurie se sentó, pero ni su expresión ni su tono denotaban el menor interés.
—He de ir a atender un negocio en Londres. PodrÃa mandarte solo a ti, pero creo que es mejor que vaya en persona, y Brooke se puede encargar de todo por aquÃ. Mis socios hacen el grueso del trabajo, yo solo sigo en mi puesto a la espera de que tú estés preparado para tomar el relevo.
—Pero a ti no te gusta viajar y no te puedo pedir que hagas un esfuerzo tan grande a tu edad —empezó Laurie, que agradecÃa el sacrificio que su abuelo estaba dispuesto a hacer pero que, de ir, preferÃa hacerlo solo.