Mujercitas
Mujercitas —No sé si me equivoqué, pero mi intención era buena. No estaba segura y, como nadie comentaba nada, confié en que fueran imaginaciones mÃas. Hubiese sido muy egoÃsta por mi parte asustaros cuando Marmee estaba tan preocupada por Meg, Amy en el extranjero y tú tan feliz con Laurie, o por lo menos eso pensaba yo entonces.
—Y yo creà que tú estabas enamorada de él, Beth, y me alejé porque no podÃa… —exclamó Jo, contenta de poder decir la verdad.
Beth la miró tan perpleja que, a pesar del dolor, Jo no pudo evitar sonreÃr y añadir con dulzura:
—Entonces, ¿no estabas enamorada de él, querida? Yo imaginaba que sà y te suponÃa sufriendo por amor todo este tiempo.
—¡Oh, Jo! ¿Cómo iba a quererle si él estaba tan loco por ti? —preguntó Beth, con la inocencia de una niña—. Claro que le quiero mucho, se porta bien conmigo, es imposible no apreciarle. Pero siempre será como un hermano para mÃ. De hecho, me encantarÃa que algún dÃa lo fuese de verdad.
—Pues no será por mà —aseguró Jo con firmeza—. La única que queda es Amy. Creo que se llevarÃan bien, pero no tengo ánimo para pensar en esas cosas ahora. Lo único que me preocupa ahora es tu futuro, Beth. Tienes que reponerte.