Mujercitas
Mujercitas —¡Me encantarÃa! ¡No sabes cuánto! Lo intento, pero cada dÃa pierdo un poco más de fuerza y comprendo que no la recuperaré jamás. Es como una marea, Jo; cuando crece, va lenta, pero es imparable.
—Pues debemos pararla. Tu marea no puede crecer ahora, eres demasiado joven, ¡solo tienes diecinueve años! Beth, no puedo dejarte marchar. Trabajaré, rezaré y lucharé contra esto. No te dejaré marchar, tiene que existir una manera, no puede ser demasiado tarde. Dios no puede ser tan cruel como para arrancarte de mi lado —exclamó Jo, rebelándose, porque su espÃritu era mucho menos piadoso que el de Beth.