Mujercitas
Mujercitas Jo no podía hablar y, durante varios minutos, solo se oyó el viento soplar y el chapaleteo de la marea al subir. Una gaviota de alas blancas voló cerca de ellas y les llevó un destello de sol en su pecho plateado. Beth la contempló hasta que desapareció en el horizonte, con los ojos encharcados de pena. Un pajarillo gris daba saltitos por la arena de la playa, piando suavemente como para sí, disfrutando del sol y del mar. Se acercó mucho a Beth, la miró con afecto y se fue a colocar sobre una piedra para secar al sol sus alas mojadas. Beth sonrió y se sintió mejor porque el avecilla parecía ofrecerle su amistad y recordarle que el mundo era un lugar acogedor en el que disfrutar.