Mujercitas

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—¡Qué pajarito más bonito! Es muy dócil, Jo. Me gustan estos pajarillos más que las gaviotas, no son tan hermosos ni tan salvajes, pero parecen felices y saben disfrutar de las pequeñas cosas. El verano pasado solía decir que eran mis pájaros. Mamá decía que le recordaban mucho a mí porque no paran de moverse, les gusta estar junto a la orilla y siempre andan cantando alegremente. Tú eres la gaviota, Jo, fuerte y salvaje, enamorada del viento y de las tormentas, capaz de adentrarse en el mar y vivir feliz en soledad. Meg es la tórtola y Amy es como las alondras que describe en sus cartas, siempre intentando remontarse por encima de las nubes, pero cayendo finalmente en el nido. ¡Querida niña! Es muy ambiciosa, pero tiene un buen corazón y mucha dulzura y, por muy alto que vuele, nunca se olvida de los suyos. Espero volver a verla, pero está muy lejos.

—Volverá en primavera, y estoy segura de que para entonces ya te encontrarás bien y podrás divertirte con ella. Yo ya habré conseguido que te recuperes y tengas mejor color —afirmó Jo. De todos los cambios operados en su hermana, el que más le impresionaba era el que tenía que ver con su forma de hablar. Ya no parecía costarle exteriorizar lo que sentía, y expresaba sus pensamientos como nunca antes había hecho la vergonzosa Beth.


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