Mujercitas
Mujercitas Era el dÃa de Navidad y un joven alto recorrÃa lentamente el paseo con las manos en la espalda y la mirada perdida, como ausente. ParecÃa italiano, vestÃa a la inglesa y tenÃa el aire independiente de los norteamericanos. Esa mezcla llamaba poderosamente la atención de las mujeres y hacÃa que los dandis de traje negro, pajarita rosa, guantes de ante y flor de naranjo en el ojal con los que se cruzaba se encogiesen de hombros y envidiasen su porte y su altura. Los muchos rostros hermosos que allà habÃa no parecÃan llamar la atención del joven, que solo levantaba la vista, de vez en cuando, para fijarse en alguna joven rubia o vestida de azul. En el momento que nos ocupa, el joven acababa de salir del paseo y se encontraba en un cruce de calles, indeciso sobre si ir a oÃr a la banda que tocaba en los jardines públicos o caminar por la playa en dirección a la colina del castillo. El rápido trote de los cascos de unos ponis le obligó a levantar la vista justo cuando un pequeño carruaje pasaba calle abajo, con una única dama en su interior. La dama era una joven rubia vestida de azul. Al verla, el rostro se le iluminó y agitó efusivamente su sombrero, feliz como un niño, al tiempo que corrÃa hacia el carruaje.