Mujercitas
Mujercitas —¿Laurie? ¿En verdad eres tú? ¡Pensé que no vendrÃas nunca! —exclamó Amy, que soltó las riendas y tendió las manos en un gesto que escandalizó sobremanera a una madre francesa, testigo de la escena, que apresuró el paso para que su hija no se contagiase con los malos modos de esos «locos ingleses».
—Me he retrasado un poco, pero prometà pasar la Navidad contigo y aquà estoy.
—¿Cómo está tu abuelo? ¿Cuándo habéis llegado? ¿Dónde os hospedáis?
—Está muy bien. Ayer por la noche. En el Chavrain. Fui a buscarte a tu hotel, pero ya habÃas salido.
—Mon Dieu! Tengo tanto que contarte que no sé por dónde empezar. Entra y podremos charlar a gusto. Iba a dar un paseo y agradeceré tener compañÃa. Flo está descansando para tener fuerzas esta noche.
—¿Qué ocurre esta noche, vais a un baile?
—El hotel ofrece una fiesta de Navidad. Hay muchos huéspedes norteamericanos y la han organizado en honor a ellos. Vendrás con nosotras, ¿verdad? La tÃa estará encantada.
—¡Gracias! ¿Adónde vamos ahora? —preguntó Laurie, que se reclinó y cruzó de brazos, para gran satisfacción de Amy, que esperaba poder conducir ella porque, fusta y riendas en mano, se sentÃa como una reina.