Mujercitas
Mujercitas —Aquà tienes tus flores, las he preparado yo mismo teniendo en cuenta que no te gustan lo que Hannah llama «floripondios» —explicó Laurie tendiéndole un delicado ramillete en un elegante soporte que ella querÃa desde que lo vio en el escaparate de Cardiglia.

—¡Qué amable eres! —exclamó agradecida—. De haber sabido que vendrÃas, habrÃa encargado flores para ti, aunque, claro, no serÃan tan hermosas como éstas.
—Gracias, no están todo lo bien que deberÃan, pero en tus manos, mejoran —repuso él mientras le colocaba una pulsera de plata en la muñeca.
—¡Por favor, no lo hagas!
—Pensé que te agradarÃa.
—No, viniendo de ti; prefiero que te comportes con la naturalidad de siempre.
—¡Me alegra oÃrte decir eso! —dijo él con alivio. Después, abotonó los guantes de Amy y preguntó si llevaba la corbata bien puesta, tal y como solÃa hacer cuando iban a alguna fiesta en casa.