Mujercitas
Mujercitas Como se encontraban en un ambiente inglés, a Amy no le quedó más remedio que guardar el decoro, aunque tenía ganas de bailar la tarantela con brío. Laurie la dejó en manos del «buen muchacho» y fue a saludar a Flo sin preocuparse de garantizar futuros bailes con Amy, y ésta, en justo castigo a su reprochable falta de previsión, se comprometió hasta la hora de la cena, momento en que estaba dispuesta a ablandarse si él daba muestras de arrepentimiento. Cuando él fue tranquilamente hacia ella —en lugar de correr, como era deseable— y le pidió que le concediese el próximo baile, una estupenda polca, Amy le mostró orgullosa su carnet de baile completo; las educadas excusas del muchacho no lograron ablandarla y, mientras daba saltos por la sala con el conde, vio que Laurie se sentaba junto a su tía con cara de alivio.