Mujercitas
Mujercitas Aquel gesto le pareció imperdonable y optó por no hacerle caso durante un buen rato, incluso cuando iba junto a su tÃa a descansar no intercambiaba con él más de un par de palabras. Sin embargo, ocultar su enfado tras una sonrisa surtió mucho más efecto, porque parecÃa más alegre y deslumbrante que nunca. Laurie la miraba embelesado porque Amy no brincaba o deambulaba como otras, sino que bailaba con auténtica gracia y disfrutaba de ese delicioso pasatiempo que deberÃa ser, para todos, la danza. La estudió bajo esa nueva perspectiva y, cuando habÃa transcurrido media velada, se dijo que la pequeña Amy se iba a convertir en una mujer encantadora.