Mujercitas
Mujercitas —¿Recuerdas aquel dÃa que jugaste a vaqueros con tu caballo Puck? Meg y Beth tenÃan miedo, mientras Jo aplaudÃa y saltaba de emoción y yo te dibujaba sentada en la valla. El otro dÃa, encontré este dibujo en una carpeta y lo rescaté para mostrártelo.
—Te lo agradezco. Has mejorado mucho desde entonces y te felicito. A pesar de encontrarnos en un paraÃso para una luna de miel… ¿puedo recordarte que en tu hotel se cena a las cinco?
Al decir esto, Laurie se puso en pie, le devolvió los dibujos con una sonrisa y una reverencia, y echó un vistazo al reloj como para recordarle que hasta las lecciones morales han de tener un final. Y aunque procuró retomar el aire desenfadado e indiferente de antes, se notaba que era fingido, porque la provocación de la joven habÃa surtido más efecto del que era capaz de reconocer. A Amy le apenó que recuperara su frialdad y se dijo: Se ha ofendido. Bueno, si le sirve para algo, bienvenido sea. Si acaba detestándome, lo sentiré, pero todo lo que he dicho es cierto y no podrÃa retirar ni una sola palabra.