Mujercitas

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Al igual que Goethe, que cuando sentía una alegría o una pena la convertía en canción, Laurie decidió embalsamar con música su mal de amores y componer un réquiem que desgarrase el alma de Jo y derritiese el corazón de todo el que lo oyera. Así pues, un día en que el anciano le notó especialmente inquieto y malhumorado y le propuso que se marchara, Laurie partió hacia Viena, donde tenía varios amigos músicos, y comenzó a trabajar con el firme propósito de destacar en la ciudad. Pero, ya fuera porque la pena era demasiado vasta para tomar forma en una composición musical, o porque la música era excesivamente etérea para ayudar a superar un dolor tan profundo, lo cierto es que Laurie no tardó en concluir que el réquiem no estaba a su alcance, por el momento. Era evidente que su mente aún no trabajaba de forma ordenada y que necesitaba aclarar sus ideas. A menudo, en medio de un arranque de dolor, se ponía a tararear una melodía que le hacía recordar el baile de Navidad en Niza, sobre todo a la muchacha francesa robusta, y entonces decidía abandonar por un tiempo la composición trágica.






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