Mujercitas
Mujercitas Al tratar de imaginar a una dama menos difícil a la que inmortalizar con su música, le venía a la mente siempre una imagen. El rostro variaba indefectiblemente, pero la joven en cuestión tenía el cabello dorado, estaba rodeada de una nube diáfana y flotaba en una maraña de rosas, pavos reales, ponis blancos y lazos azules. Aunque la sumisa dama carecía de nombre, Laurie la convirtió en la protagonista de sus composiciones y le tomó mucho cariño. La dotó de todas las gracias y dones que puedan existir y la hizo salir indemne de pruebas que hubiesen aniquilado a cualquier mujer mortal.