Mujercitas
Mujercitas Estoy segura de que no faltará una señorita que alegue: «No lo creo, los hombres no dejarán nunca de ser como son y los jóvenes se entregan siempre a la disipación, por lo que las mujeres no deben esperar milagros». Me gustaría contradecirla, señorita, aunque sé que tiene razón. Sin embargo, creo que las mujeres son capaces de obrar grandes milagros y sospecho que hasta podrían mejorar al conjunto de los hombres negándose a aceptar premisas como ésta. Dejemos que los jóvenes actúen como jóvenes —cuanto más tiempo mejor— y, si necesitan entregarse a la disipación, que así sea, pero las madres, hermanas y amigas pueden ayudarlos a minimizar los riesgos y los daños mostrándoles que virtudes como la lealtad hacen a los hombres mucho más atractivos a los ojos de una mujer. Si es una falsa ilusión de mujer, permitidme disfrutarla mientras pueda, porque, si no creyera en esa posibilidad, la vida perdería gran parte de su atractivo y su romanticismo, y el corazón valiente y tierno de los muchachos que aún aman a sus madres más que a sí mismos y no se avergüenzan de ello recibiría un amargo mensaje.