Mujercitas
Mujercitas Laurie temÃa que la tarea de olvidar a Jo consumiera sus fuerzas durante años pero, para gran sorpresa suya, descubrió que cada dÃa le resultaba más sencillo. Al principio, no daba crédito y hasta se enfadó consigo mismo porque no podÃa entender que asà fuera, pero el corazón humano es curioso y contradictorio, y el tiempo y la naturaleza influyen en él aun en contra de nuestra voluntad. Al cabo de un tiempo, el corazón de Laurie ya no sentÃa dolor, la herida cicatrizaba con una rapidez que le dejaba perplejo, hasta el punto de que, en lugar de tener que hacer un esfuerzo por olvidar, se descubrió esmerándose por no perder todo recuerdo. No habÃa previsto que pudiera darse semejante quiebro y no estaba preparado para asumirlo. Se sentÃa molesto, sorprendido por su volubilidad y decepcionado y aliviado a un tiempo al comprender que podÃa recuperarse de tamaño desengaño en tan poco tiempo. Hizo lo que pudo por avivar el rescoldo de su amor, pero ya no era posible salvar el fuego, solo quedaban unas brasas que iluminaban y daban calor a su corazón sin hacerlo arder de pasión. Aun a su pesar, hubo de reconocer que aquel enamoramiento juvenil habÃa perdido intensidad lentamente hasta dar paso a un sentimiento más sereno —tierno, algo triste y con cierto poso de resentimiento— que, a su vez, terminarÃa por desaparecer en favor de un afecto fraternal que, ese sÃ, se mantendrÃa intacto hasta el fin.