Mujercitas

Mujercitas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Había supuesto que el dénouement llegaría en el jardín del castillo, a la luz de la luna, de una manera elegante y decorosa, pero todo ocurrió justo al revés, porque se comprometieron en el lago, a mediodía, y con unas pocas frases francas. Llevaban toda la mañana paseando en barca, desde el sombrío Saint-Gingolf hasta el soleado Montreux, con los Alpes de Saboya a un lado y el Saint-Bernard y el Dent du Midi al otro, la hermosa Vevey en el valle y Lausana detrás, en lo alto de la colina, bajo un cielo azul despejado y en un lago aún más azul salpicado de pintorescas barquitas que parecían blancas gaviotas.

Al pasar por Chillón, hablaron de Bonnivard, y en Clarens, de Rousseau, porque allí fue donde escribió sobre la nueva Éloïse. Ninguno de los dos había leído la obra, pero sabían que era una historia de amor y cada uno se preguntó, en silencio, si sería tan interesante como la suya propia. En el único rato en el que estuvieron callados, Amy jugó con la mano en el agua, hasta que levantó la vista y vio a Laurie inclinado sobre los remos con una expresión que le hizo decir, sin pensar, simplemente por romper el hielo:

—Debes de estar agotado, descansa un poco y déjame remar a mí. Me sentará bien porque desde que has vuelto he estado muy perezosa y comodona.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker