Mujercitas
Mujercitas —Es una obra sincera, Jo, ése es su secreto, y el humor y el pathos le dan vida. Creo que al fin has encontrado tu estilo. Has escrito sin pensar en la fama o el dinero y has puesto tu corazón en el texto, hija mÃa. Tú ya has probado lo amargo, ahora viene lo dulce. Sigue esforzándote y alégrate de tu éxito como lo hacemos nosotros.
—Si hay algo bueno o verdadero en lo que escribo, el mérito no es mÃo. Os lo debo todo a ti, a mamá y a Beth —afirmó Jo, a la que las palabras de su padre habÃan emocionado más que todas las buenas crÃticas del mundo.
Asà fue como el amor y el dolor enseñaron a Jo a escribir nuevas historias que ella enviaba para hacer nuevos amigos. Tan humildes viajeras encontraban siempre una generosa acogida y mandaban a su madre prendas de amor, como hijas cumplidoras que hubiesen encontrado la buena fortuna sin esperarlo.
Cuando Amy y Laurie escribieron para anunciar su compromiso, la señora March temió que a Jo le costase alegrarse de la noticia, pero enseguida su miedo desapareció porque, aunque Jo se puso seria al principio, lo encajó con mucha tranquilidad, leyó dos veces la carta y dijo esperar y desear lo mejor para «los niños». La carta la habÃan escrito prácticamente a dúo y se echaban flores el uno al otro, era encantadora y la noticia resultaba tan buena que nadie hizo objeción alguna.