Mujercitas
Mujercitas —¿Te gusta la idea, mamá? —preguntó Jo cuando terminaron de leer aquellas hojas escritas con letra apretada y se miraron la una a la otra.
—SÃ, lo esperaba desde que Amy escribió para contarnos que habÃa rechazado a Fred. Estaba segura de que, puesto que ya habÃa superado lo que tú llamas «el espÃritu mercenario», vendrÃa algo mejor. Y algunas cosas en sus cartas me hacÃan sospechar que el amor y Laurie terminarÃan por conquistarla.
—Qué aguda eres, mamá, y qué bien guardado lo tenÃas. No me habÃas dicho ni una palabra.
—En lo que respecta a sus hijas, las madres han de tener una mirada aguda y una lengua discreta. No querÃa decirte nada para que no se te ocurriese escribirlos y felicitarlos antes de que fuese oficial.
—Ya no soy la cabeza loca de antes, mamá, puedes confiar en mÃ. ¡Soy formal y sensata, la confidente ideal para cualquiera!
—Es verdad, querida, y tendrÃa que habértelo contado todo, pero temà que te apenase saber que Teddy se habÃa enamorado de otra mujer.
—Por favor, mamá… ¿De verdad creÃste que podÃa ser tan tonta y egoÃsta después de haberle rechazado en el mejor momento?