Mujercitas
Mujercitas —Te creo, de verdad, pero nunca podremos volver a ser los niños que fuimos, Teddy, los buenos y viejos tiempos nunca volverán y no podemos esperar que eso ocurra. Ahora somos un hombre y una mujer con obligaciones, el tiempo de jugar terminó y debemos dejar atrás la fiesta y las travesuras. Estoy segura de que sientes lo que dices, veo que has cambiado y tú verás que yo tampoco soy la misma. Echaré de menos a mi joven amigo, pero querré tanto o más al hombre en el que te has convertido y te admiraré porque harás lo posible por ser quien yo creÃa que podrÃas ser. No podemos seguir actuando como compañeros de juegos, pero sà ser un hermano y una hermana que se quieren y se ayudan toda la vida. ¿No te parece, Laurie?
Él no dijo nada, pero tomó la mano que ella le tendÃa y bajó la mirada unos segundos, sintiendo que de la sepultura de una pasión juvenil surgÃa ahora una hermosa y sólida amistad que serÃa una bendición para ambos. Jo, que no querÃa que la vuelta a casa se tiñese de tristeza, apuntó con voz alegre:
—Me cuesta creer que estéis casados y vayáis a formar un hogar. Parece que fue ayer cuando le ataba el delantal a Amy y te tiraba del pelo cuando te burlabas de nosotras. ¡Válgame el cielo, el tiempo vuela!