Mujercitas
Mujercitas —Puesto que uno de nosotros es mayor que tú, no tienes por qué hablar como una abuela. Como dice Peggotty, el aya de David Copperfield, soy un «muchacho bastante crecidito» y, cuando veas a Amy, convendrás conmigo en que es una niña muy precoz —dijo Laurie, divertido al ver que Jo adoptaba un aire maternal.
—Puede que tengas más años que yo, pero, en lo relativo a sentimientos, yo soy mucho más madura, Teddy. Las mujeres siempre lo somos. Y este último año ha sido tan duro que me siento como si hubiese cumplido los cuarenta.
—¡Pobre Jo! Te hemos dejado cargar sola con todo, mientras nosotros nos divertÃamos. Estás más vieja; ahà veo una arruga, y allá otra. Cuando no sonrÃes, tienes la mirada triste, y al tocar el cojÃn, hace un segundo, he notado que estaba empapado con tu llanto. Es mucho lo que has tenido que sobrellevar, y lo has hecho sola. ¡Soy un animal egoÃsta! —Laurie se tiró del cabello, con aire arrepentido.
Jo dio la vuelta al cojÃn que la habÃa delatado y, fingiendo un ánimo que no tenÃa, dijo:
—No es asÃ; cuento con la ayuda de papá y mamá, y los niños son un auténtico consuelo. Por otro lado, saber que tanto tú como Amy estabais bien y dichosos hizo que la pena fuese más llevadera. A veces me siento sola, pero creo que me hará bien y…