Mujercitas
Mujercitas Si no hubiese estado tan ocupada, a Jo le habría hecho gracia el comportamiento de Laurie, pues éste sintió una incomodidad que, más que a los celos, obedecía al recelo, y se mantuvo distante al principio, observando al recién llegado con la circunspección de un hermano. Sin embargo, la desconfianza no duró demasiado, el señor Bhaer le cautivó a pesar suyo y, sin darse cuenta, se unió a la agradable charla. El señor Bhaer rara vez se dirigía a Laurie, pero le miraba con frecuencia con cierta pena, como si, al ver a aquel joven en la flor de la vida, pensase con nostalgia en su juventud perdida. Luego miraba a Jo con una intención tan transparente que, de haberle visto ella, habría respondido de inmediato a su muda pregunta. Pero Jo, consciente de que una mirada podría delatar sus sentimientos, no quitaba ojo del calcetín que estaba confeccionando en su mejor estilo de solterona modelo.