Mujercitas
Mujercitas De vez en cuando, le echaba un cauteloso vistazo que calmaba su ansia como el agua mitiga la sed del esforzado caminante, porque todo cuanto veÃa eran buenos presagios. El señor Bhaer habÃa perdido su aire distraÃdo y se mostraba apasionado, totalmente centrado en el momento presente, y parecÃa mucho más joven y apuesto que de costumbre. Curiosamente, Jo no lo comparó con Laurie, como solÃa hacer con los hombres a los que conocÃa, para detrimento de la mayorÃa. El señor Bhaer parecÃa muy inspirado, aunque las costumbres funerarias de los antiguos —el tema del que estaban hablando— no resultase precisamente muy alegre. Cuando Jo vio que Teddy se apasionaba con la conversación y su padre escuchaba con atención, sintió una gran satisfacción y se dijo: ¡Cómo disfrutarÃa pudiendo hablar cada dÃa con un hombre como éste! Por último, el señor Bhaer vestÃa un traje negro que le daba el aspecto de un auténtico caballero. Se habÃa recortado la poblada barba y llevaba el cabello muy bien peinado, aunque no le duró mucho, ya que, con la pasión de la charla, se lo alborotó y volvió a tener el divertido aspecto de costumbre, que Jo preferÃa porque pensaba que le favorecÃa mucho más. ¡Pobre Jo! Allà sentada, tricotando, no dejaba de alabar a aquel hombre sencillo y no habÃa detalle que se le escapase, ni siquiera el hecho de que el señor Bhaer llevaba gemelos de oro en sus inmaculados puños.