Mujercitas
Mujercitas Sin embargo, mostró algo mejor que su habilidad o su brillantez al piano, ya que cantó las canciones que solía entonar Beth con una dulzura que ningún maestro puede enseñar y que llega al corazón de quienes la escuchan con una fuerza que solo la inspiración puede dar. La sala estaba en silencio, y a Amy se le quebró la voz al pronunciar la última frase de la canción favorita de Beth, que decía: «No existe dolor terreno que el cielo no pueda curar». Después, abrazó a su esposo, que estaba detrás de ella, y sintió que su regreso al hogar no era tan perfecto sin el beso de su hermana Beth.
—Y ahora, para terminar, el señor Bhaer nos cantará una canción —dijo Jo para evitar que aquel silencio lleno de dolor se prolongara.
El señor Bhaer se aclaró la garganta, dio un paso hacia Jo y repuso:
—Si usted la canta conmigo. Nos sale muy bien juntos.
