Mujercitas

Mujercitas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Tal afirmación era una mentira piadosa, puesto que Jo tenía la gracia musical de un grillo. No obstante, habría aceptado hasta cantar una ópera si él se lo hubiese pedido. Así pues, se puso a gorjear sin prestar atención ni al tono ni al compás, pero no se notó mucho porque el señor Bhaer, como buen alemán, cantaba alto y bien, de modo que Jo se limitó a tararear para oír aquella voz melodiosa que parecía cantar exclusivamente para ella. La canción hablaba de una tierra lejana a la que el protagonista ansiaba ir con su amada, y Jo, emocionada, deseó contestar a tan dulce invitación que partiría feliz con él a esa tierra desconocida cuando él quisiese.

La canción fue del agrado de todos y el intérprete, tímido, recibió las alabanzas del público. Momentos después, al ver que Amy se ponía el gorro para salir, el señor Bhaer olvidó sus buenos modales y la miró boquiabierto. No entendía qué ocurría, porque Jo se la había presentado como su hermana y nadie se había referido a la joven como la señora Laurence. Sin embargo, cuando Laurie declaró: «Mi esposa y yo estaremos encantados de recibirle en nuestra casa, donde siempre será bienvenido», el profesor comprendió todo de golpe y mostró tal satisfacción que Laurie se dijo que era el hombre más agradecido que conocía.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker