Mujercitas
Mujercitas —Por ahora, hemos tenido buen tiempo, pero no sé cuánto durará. De todos modos, las tormentas no me asustan porque estoy aprendiendo a guiar mi barco. Iré a casa, querido, y te ayudaré a buscar tu sacabotas, que imagino es lo que has estado rebuscando entre mis cosas. Madre, los hombres son unos inútiles —dijo Amy, con ese tono de joven recién casada que entusiasmaba a su esposo.
—¿Qué pensáis hacer una vez instalados? —preguntó Jo, mientras abrochaba el abrigo de Amy como hacÃa con su delantal cuando era pequeña.
—Tenemos planes pero no queremos decir nada todavÃa porque estamos ultimándolos. Eso sÃ, no vamos a quedarnos ociosos. Yo trabajaré en el negocio con una entrega que satisfará a mi abuelo y le demostraré que no soy un niño malcriado. Necesito algo que me dé estabilidad, estoy harto de vagar sin rumbo; voy a trabajar como un hombre.
—¿Y Amy qué hará? —inquirió la señora March, contenta de que Laurie hubiese tomado tal decisión y hablase de ella con tanto entusiasmo.