Mujercitas
Mujercitas A pesar de tener caracteres muy distintos, los dos hermanos se llevaban extraordinariamente bien y rara vez se peleaban más de tres veces al dÃa. Por supuesto, Demi, que tiranizaba a Daisy a su antojo, la defendÃa galantemente si otra persona la agredÃa, y Daisy, que aceptaba de buen grado ser galeote, adoraba a su hermano, al que consideraba el ser más perfecto del mundo. Daisy era una niña rechoncha, adorable y sonrosada que se ganaba el corazón de todos. Era una de esas criaturas encantadoras que parecen hechas para recibir besos y mimos, para que las adoren y cuiden como pequeños dioses y para lucir en los dÃas de fiesta. Era tan virtuosa y dulce que, de no ser por alguna que otra travesura, hubiese parecido más angelical que humana. VivÃa en un mundo de color de rosa y cada mañana, al despertar, corrÃa a la ventana en camisón, la abrÃa y, lloviese o hiciese sol, exclamaba siempre: «¡Qué dÃa tan bonito!». Era amiga de todo el mundo y besaba a los desconocidos con tanta confianza que los solteros empedernidos se ablandaban y los amantes de los niños se convertÃan en fieles devotos de su persona.

«Yo quiero a todo el mundo», anunció en una ocasión abriendo los brazos, con una cuchara en una mano y una taza en la otra, como si quisiese estrechar y alimentar al mundo entero.