Mujercitas
Mujercitas —¿Gustarme? No encuentro palabras para decirte lo mucho que me agrada. Y, por favor, no me trates de usted.
—¿«Tú» no es demasiado cercano? —preguntó Jo, aunque le parecÃa un monosÃlabo adorable.
—Cercano, claro. El «usted» resulta demasiado frÃo para hablar de amor, y tú, querida mÃa, significas mucho para mà —explicó el señor Bhaer, que parecÃa más un estudiante enamorado que un profesor.
—Si es asÃ, ¿por qué has esperado tanto para decÃrmelo? —preguntó Jo tÃmidamente.
—Ahora puedo abrirte mi corazón, querida, y lo haré con gusto porque sé que estará en buenas manos. Verás, querida Jo (¡ah, cómo me gusta ese divertido diminutivo!), estuve a punto de decirte algo cuando nos despedimos en Nueva York, pero pensé que preferÃas a tu apuesto amigo y opté por callar. ¿Me habrÃas respondido igual de haber hablado entonces?
—No lo sé. Tal vez no, porque en aquel momento no tenÃa corazón.
—Eso no es cierto. Estaba dormido, a la espera de que el prÃncipe encantado fuese al bosque a rescatarlo. Bueno, Die erste Liebe ist die beste, pero las cosas son como son.