Mujercitas
Mujercitas —En una ocasión, le expliqué mi idea a Fritz y dijo que era exactamente lo que él querÃa hacer, y acordamos que lo harÃamos cuando nos volviésemos ricos. ¡Que Dios le bendiga! Lleva haciéndolo toda la vida, me refiero a ayudar a niños pobres, no a hacerse rico. Eso nunca lo será porque no es capaz de retener el dinero en su bolsillo el tiempo suficiente para que aumente. Pero ahora, gracias a mi vieja tÃa, que me querÃa más de lo que merecÃa, soy rica… O cuando menos, me siento como si lo fuera, y si la escuela funciona bien podremos vivir en Plumfield sin apuros. El lugar es perfecto para los niños, la casa es grande y los muebles son sencillos y resistentes. Dentro, hay sitio para muchos y, fuera, les sobrará espacio para jugar. PodrÃan ayudarnos con el jardÃn y el huerto. Es un trabajo saludable, ¿no? Fritz les enseñará y dará clases a su modo, y papá podrÃa echarle una mano. Yo me encargaré de darles de comer, cuidarlos, mimarlos y reñirlos, y mamá será mi ayudante. Siempre he querido tener muchos niños y nunca he tenido suficientes. Ahora podré llenar la casa y divertirme con ellos. ¡Imaginad qué lujo! Plumfield mÃo y un montón de niños libres disfrutándolo a sus anchas junto a mÃ.
Mientras Jo hacÃa gestos con la mano y dejaba escapar un suspiro de felicidad, en la familia se desataba una tormenta de carcajadas. El señor Laurence rió tanto que pensaron que iba a sufrir una apoplejÃa.