Mujercitas
Mujercitas —SabÃa que contarÃa con su apoyo, señor. Amy también está a favor, lo veo en sus ojos, aunque, prudentemente, prefiere pensarlo bien antes de dar su opinión. Bueno, querida familia —prosiguió Jo, más en serio—, tened en cuenta que no se trata de una idea que se me acabe de ocurrir, sino de un plan largamente elaborado. Antes de conocer a Fritz, ya solÃa pensar que, cuando me hiciese rica y nadie me necesitase en casa, alquilarÃa una vivienda grande y acogerÃa a unos cuantos niños abandonados que no tuviesen madre, para cuidarlos y hacerles la vida agradable antes de que fuese demasiado tarde para ellos. He visto a muchos arruinar su vida por no conseguir ayuda en el momento oportuno; me encantarÃa hacer algo por ellos. Yo sabrÃa ver sus necesidades y comprenderÃa sus problemas. ¡Oh, me gustarÃa tanto ser como una madre para ellos!
La señora March tendió la mano a Jo, que la aceptó con una sonrisa y lágrimas en los ojos y prosiguió con un entusiasmo que no le habÃan visto en mucho tiempo.