Mujercitas
Mujercitas Por supuesto, al principio el trabajo se le hizo un poco cuesta arriba y Jo cometió más de un error; pero el inteligente profesor la supo guiar hacia aguas más tranquilas y, al final, conquistaron el corazón de hasta el más granuja. ¡Cómo disfrutaba Jo con sus muchachos libres, y cómo hubiese sufrido la pobre tía March de haber visto a Tom, Dick y Harry invadir el sagrado recinto, ordenado y pulcro, de Plumfield! Al fin y al cabo, había cierta justicia poética en la situación, ya que la vieja dama había atemorizado a los jóvenes de la comarca y, ahora, los desterrados disfrutaban de los ciruelos prohibidos, armaban jaleo en el patio con sus profanas botas sin que nadie los riñese y jugaban al críquet en el amplio campo en el que «la irritable vaca con un cuerno roto» solía recibir a embestidas a los mozalbetes que se acercaban. Aquello se convirtió en un paraíso para muchachos y Laurie propuso que le llamasen «Jardín de Infancia Bhaer» en honor a su maestro y para describir mejor a sus habitantes.