Mujercitas
Mujercitas Sí, Jo era una mujer muy feliz allí, a pesar del duro trabajo, de los muchos nervios y del perpetuo estruendo. Disfrutaba de verdad y el aplauso de sus muchachos le producía mucha mayor satisfacción que cualquier elogio. Ahora solo contaba historias a su pequeño grupo de admiradores. Con el paso de los años, Jo tuvo dos hijos que aumentaron su felicidad. Al primero le llamaron Rob, en honor a su abuelo, y el segundo, Teddy, era un niño despreocupado que había heredado la naturaleza noble de su padre y el espíritu animoso de su madre. Que pudieran criarse bien en aquella vorágine de muchachos era un misterio para su abuela y sus tías, pero el caso es que ambos florecieron como dientes de león en primavera, y sus rudas niñeras los querían y cuidaban estupendamente.