Música y macarrones
Música y macarrones Ansioso por aprovechar al máximo tal oportunidad, Tino cobró valor y cantó con la soltura de un pájaro en la rama, interpretando una tras otra las barcarolas, serenatas, baladas y canciones de bebedores aprendidas de quienes lo rodeaban. El caballero escuchó, rió y aplaudió como si estuviera satisfecho, y cuando Tino se detuvo para tomar aliento, aprobó con mayor entusiasmo que la primera vez y dijo, con su cautivadora sonrisa:
—Eres de veras una maravilla, y aquí estás desperdiciando tus dones. Si te tuviera, haría de ti un hombre y llenaría de dinero tus bolsillos en cuanto abrieras la boca.
Los ojos de Tino centellearon al oír hablar de dinero, pues por más agradables que fueran los elogios, la idea de tener los bolsillos repletos lo complacía, de modo que se apresuró a preguntar:
—¿De qué manera, signor?