Música y macarrones
Música y macarrones Súbitamente, cuando concluÃa su lección con una nota clara que pareció elevarse y apagarse suavemente en la distancia, como la voz de un ángel en el aire, lo sobresaltó un aplauso. Al volverse, vio sentado en el tosco banco, a sus espaldas, a un caballero bien vestido, bien plantado y sonriente, que volvió a palmotear con sus blancas manos antes de exclamar:
—¡Bravo, hijo mÃo; lo hiciste muy bien! Tienes una voz magnÃfica; vuelve a cantar.
Pero por el momento Tino, demasiado avergonzado, no pudo hacer otra cosa que mirar fijamente al desconocido, con una mezcla de confusión, placer y timidez.
—Vamos, amiguito, cuéntame todo. ¿Quién te enseñó tan bien? ¿Por qué estás aquà y no dónde deberÃas estar, aprendiendo a utilizar tu garganta para ganar fama y dinero? —agregó el caballero, siempre sonriente.
El corazón de Tino se puso a latir con fuerza al pensar: «Quizás haya llegado, por fin, mi oportunidad…. Debo aprovecharla al máximo». Por eso tomó coraje y contó su historia. Cuando hubo concluido, el desconocido asintió diciendo:
—SÃ; tú eres el «pequeño ruiseñor» de quien hablaban en la hosterÃa… Vine en tu busca. Ahora cántame algo alegre, alguna de vuestras canciones populares. Esas son las más adecuadas para ti.