Música y macarrones
Música y macarrones —¡Muy bien! Eres un joven animoso. ¿Y una guitarra también? Bravo, mi pequeño trovador; haremos sensación en los salones y no tardaremos en llenarnos los bolsillos… Pero no corre prisa, y conviene consultar a tus amigos, de lo contrario podrÃan surgir inconvenientes. Yo no robo ruiseñores; los compro, y daré a esa anciana, sea quien sea, más dinero del que podrÃa ganar en un mes. FÃjate; yo también soy cantante, y esto lo gané en Génova en una semana…
Diciendo esto, el Signor Mario sacó de un bolsillo una cartera bien repleta, y del otro un puñado de monedas de oro y plata, que hizo tintinear ante los ojos admirados del muchacho.
—¡Vamos! —gritó éste, arrojando al suelo el cernidor, cómo si se despidiera para siempre del trabajo—. Stella está hoy en casa; vamos ahora mismo a ver a Mariuccia… no queda lejos, y cuando se enteren de tan hermosos planes, sin duda me dejarán ir de buen grado.