Ocho primos

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—No haces honor a tu apellido si no te gusta el olor de la brea y del agua salada, y Charlie tampoco, con su yate lujoso. Vamos a la orilla y tendremos un rato de chin—chin con los del Oriente.

Después de atravesar encantada los grandes almacenes, mirándolo todo, encontraron al tío Mac y el caballero de raza amarilla en su cuarto privado, donde se veían muestras, regalos, curiosidades y tesoros acabados de llegar, todos apilados en agradable profusión y confusión.

En cuanto pudo Rosa se retiró a un rincón, con un dios de porcelana a un lado y un dragón verde al otro; pero lo más inquietante de todo era que Fun See estaba sentado en un cajón de té, delante suyo, y tanto la miró que ella no supo hacia dónde llevar su mirada.

El señor Whang Lo era un caballero anciano vestido a la americana, con una coleta muy bien arrollada en la cabeza. Hablaba inglés y lo hacía animadamente y con toda naturalidad durante su conversación con el tío Mac, y Rosa consideró que como chino era una pifia. Pero Fun See era chino desde la punta de sus zapatos en forma de junco a su sombrero en forma de pagoda, pues se había vestido de gala completa, con todo un almohadón de blusas de seda y sus pantalones anchos.


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