Ocho primos

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Era bajo y gordo y se balanceaba cómicamente; sus ajos eran muy rasgados, como observó Rosa; llevaba largas la coleta y las uñas, tenía cara gordinflona y brillante y era, en general, lo que se llama un chino de verdad.

El tío Alec le contó que Fun See había ido a completar su educación y que apenas hablaba un poquito de inglés, de modo que tendría que ser buena con el chico, el cual era en realidad un muchacho, aunque pareciese tan viejo como Whang Lo. Rosa dijo que sería buena con él, pero no se imaginaba cuáles pudieran ser las atenciones que debiese dispensar a su extraño huésped, el cual parecía escapado de los paisajes de papel de arroz pegados en la pared y la miraba moviendo la cabeza como un mandarín de juguete. Le costo trabajo mantenerse seria.

En mitad de su cortes turbación, el tío Mac advirtió que los dos jóvenes se contemplaban fijamente y al parecer se divertía viendo esta manera de trabar amistades bajo una barrera de dificultades. Tomó una caja de su mesa y la dio a Fun See con una indicación que pareció complacerlo mucho.




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